Alza de la tasa de interés de Estados Unidos: ¿hay razones políticas?, por Julio Burdman

Desde fines de abril, y por primera vez desde enero de 2014, la tasa de los bonos a 10 años del Tesoro de Estados Unidos se ubicó en torno al 3%. Algunos días llegó a superarlo levemente. Es el valor más estable de las finanzas globales, y sus oscilaciones son muy sutiles. Por eso mismo, perforar la barrera psicológica del 3 fue fuerte. Diferentes analistas en Estados Unidos, incluyendo las editoriales de los principales diarios y revistas, llamaron a no entrar en pánico por el 3. Mientras se publicaron otros tantos análisis especulando sobre alzas futuras. En la historia de las economías de América latina, la suba de la tasa de este bono fue siempre un problema enorme. Es una aspiradora global de dólares, y ello significa fuga de divisas y dificultades para endeudarse y financiar déficit fiscal. En Argentina esto dio lugar a un debate acerca de la vulnerabilidad externa y la incidencia de factores domésticos e internacionales en los movimientos del tipo de cambio.

Quienes insisten desde Estados Unidos con “no entrar en pánico” plantean que el 3 era una tasa habitual antes de la crisis de 2008. A partir de la cual los bancos centrales de los países avanzados tendieron a bajar tasas para estimular la economía real. Agregan también que este “reacomodamiento” no es predictor de una tendencia ascendente. Sería solo una corrección del mercado para hacer frente al déficit fiscal federal. Admiten, sin embargo, que un movimiento por encima del 3 es incierto.

Por ello, la pregunta es si no estamos ante un instrumento promovido desde la política. Trump quiere reelegir en dos años, para lo cual necesita profundizar sus promesas de recorte fiscal, y concretar su impulso a una era de reposicionamiento global de los Estados Unidos frente sus competidores globales. Promete una nueva era reaganiana. La frase que caracteriza a la administración Trump y a su campaña electoral, “Make America Great Again”, fue una invención de Ronald Reagan.

Reagan llegó a la Casa Blanca para colocar a Estados Unidos en una posición de liderazgo global, tras una década del 70 en la que parecía perderlo. Trump, a su manera, también. Si quiere que Estados Unidos sea “grande otra vez”, es porque cree que ya no es tan grande. Algunos de los movimientos de Trump para recuperar centralidad nacional pueden merecernos diferentes análisis. Su rol en el acercamiento de las Coreas, la competencia monetaria y comercial explícita con China y Alemania, la revisión de los acuerdos logrados con Irán (que provocaron la reacción de Merkel), el proteccionismo comercial. Y todo ello, aumentando el presupuesto y gasto militar.

Pero todas giran alrededor de la reafirmación de Estados Unidos como el único gran poder, que no admite competencias globales. Si estamos ante una nueva era reaganiana, o ante la aspiración de repetirla, entonces conviene mirar un poco las cosas que hizo Reagan respecto a las tasas de interés. Reagan, como Trump, se propuso bajar impuestos, aumentar el gasto militar, bajar la inflación y desregular la economía. Trump agrega a todo ello el objetivo de mejorar la competitividad general de la producción con intervenciones y regulaciones.

En ese camino, para Reagan la manutención de las altas tasas de interés (heredadas de la era Carter) fueron instrumentos necesarios; luego, en el segundo período de Reagan, las tasas de los bonos bajaron, conformando una tendencia que duraría por varias décadas. Todo nos lleva a preguntarnos si no hay similitudes en la actual suba de las tasas. Y con ello nos referimos a varias razones para que las tasas de Estados Unidos sigan al alza. Eso no debería llevarnos al alarmismo. Pero sí, en todo caso, a contemplar este escenario como algo que puede durar varios años, y que tal vez requiera un plan B.

Fuente: www.analyticaconsultora.com