El etiquetado frontal de alimentos y el combate a la obesidad

La obesidad y el sobrepeso constituyen el primer problema de salud pública a nivel mundial. Las cifras oficiales indican que de las 7500 millones de personas que habitan el planeta, unas 2000 millones tienen sobrepeso. Esta condición conlleva una serie de trastornos y enfermedades que van desde los problemas cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes, las várices, las dificultades respiratorias hasta el cáncer de colon o la arterosclerosis, entre otras.

Según la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgorealizada en 2013 y la Encuesta Mundial de Salud Escolar (2012), la obesidad afecta a dos de cada diez adultos en la Argentina y al 5,9% de los adolescentes entre 13 y 15 años. Además, nuestro país lidera el porcentaje de obesidad en menores de cinco años en América Latina, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Como forma de combatir esta pandemia, en Chile se adoptó un modelo de etiquetado frontal de los alimentos, que informa de manera visualmente clara e impactante acerca de la cantidad de calorías, azúcares, grasas y sodio que contiene el producto. A través de octógonos de color negro, se logró reducir el contenido promedio de sodio y de azúcares en los alimentos envasados; el reconocimiento por parte de las personas de la calidad calidad nutricional de los alimentos envasados que consumen; y la caída en las compras de bebidas y cereales de desayuno “altos en” en los hogares.

Autoridades nacionales se encuentran analizando el denominado “modelo chileno” con el fin de lanzar una propuesta integral destinada a mejorar la salud de la población y concientizar a los consumidores. Otro eje será la publicidad para niños: en la tv argentina, el 85% de los alimentos publicitados en las tandas de programas infantiles tienen bajo valor nutritivo, según la Fundación Interamericana del Corazón (FIC).

Mientras tanto, la principal resistencia a una ley de etiquetado la encabeza la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), quien promueve en cambio la instrumentación de un modelo informativo que grafique con un semáforo de colores los datos de composición nutricional en función de la porción sugerida.

Cierto es que Argentina necesita, de manera urgente y contundente, una política pública a largo plazo que haga foco en las necesidades nutricionales de los habitantes. Para ello se necesitará el asesoramiento de especialistas en la materia y contar con legisladores comprometidos que puedan evitar todo tipo de lobby por parte de las empresas alimentarias.

Fuente: https://lacocinadelaciencia.wordpress.com